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Anahí Rossello |
Anteponer el beneficio personal al bien común, es típico de nuestra sociedad, especialmente en los sectores medios y altos que no dudan en aceptar la interrupción del proceso democrático cuando los vientos no les resultan propicios.
La política de retenciones es la única de la que dispone un Estado para asegurar la redistribución. Y esta se traduce en aumento de las jubilaciones, subsidios a sectores productivos más desfavorecidos y- con este gobierno- también a mantener un tipo de dólar alto, salvar las hipotecas de un campo destruído por políticas anteriores, subvencionar el gas oil para transportar sus cosechas, etc. Más allá de los riesgos de inversión de la actividad, estos fueron aceptados y evaluados cuando se inició la misma. Puede discutirse la política agropecuaria, pero no puede discutirse la validez de una medida fiscal de esta naturaleza cuando en el país hay 13.000.000 de pobres, víctimas de lo que la sociedad aprobó y aplaudió durante décadas. Parece que nadie se diera cuenta que, en los sectores de bajos ingresos, donde todo lo que se recibe se destina a la alimentacón, cada aumento salvaje que producen estos señores exportadores, arroja a millones de personas a la desnutrición. No me opongo a que ganen, pero sí a que sólo vean como problema la disminución dde una renta que, en definitiva, aún los tiene muy lejos de la indigencia.
Como sociedad debemos hacernos cargo de lo que hemos generado, lo que hemos apoyado y las políticas que hemos votado. Más allá de infinidad de críticas- y muy profundas- que podría hacerle a este gobierno, recuerdo que en la campaña anunciaron que iban a profundizar la política de retenciones. Y no hacen más que llevar a cabo lo que casi la mitad de la población votó. Qué se hace después con los ingresos, y si es necesario ampliar la retención a otros sectores, es tema de otra lucha o discusión.
Para alguien que hace mención a los subsidios a las Fundaciones de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, es cierto, y convendría que se informaran más acerca del destino de esos fondos. Como ONG desarrollan programas de cultura, educación, salud y vivienda que son dignos de admiración. Están desarrollando barrios con un sistema absolutamente novedoso de construcción, en los que la misma gente que va a habitar las viviendas recibió instrucción, aprendió oficios, y está construyendo, comunitariamente, sus propias casas. En esas zonas, disminuyeron los índices de drogadicción, alcoholismo y delincuencia. ¿Le parece un mal destino de los fondos?
Los sectores medios y altos pueden seguir reclamando por sus propios intereses de consumo. Pero que no se quejen después por tener que fortificar sus casas para defenderse de problemáticas sociales que ayudaron a instalar. |